domingo, 10 de febrero de 2013

La Muerte a Crédito de Louis-Ferdinand Céline




Al escribir esta entrada, y de paso rememorar los variados acontecimientos narrados la obra, resulta inevitable pensar en la infancia misma, desde los más nimios acontecimientos, hasta los que de una u otra forma marcaron el camino hacia la adultez.

Céline logra eso en el lector (o por lo menos en mí). Le hace pensar que incluso su vida tiene un verdadero valor literario, que las historias están por todo lado y que a veces o generalmente el lenguaje y la forma como se dice, rebasa ampliamente su contenido. En esta, su segunda gran novela, Céline después del latigazo del "Viaje al fin de la noche", nos trae otra maravilla, llena de evocaciones, sueños, frustraciones, anhelos, redenciones y por encima de la muerte, vida.

Los personajes son tan miserables pero tan naturales que no inspiran otra cosa que compasión y amor. Se trata básicamente de una narración de carácter autobiográfico. Céline nos introduce en su vida, nos lleva por largos caminos de interjecciones, de sonidos, de malabarismos verbales y de jergas gitanas que uno termina por familiarizarse con expresiones que en ocasiones provocan la risa. Esto solo lo logra un gran arquitecto de la narrativa, como Céline.

Un viejo y enfermo Céline  cuenta sus tempranos años, así empieza "La muerte a crédito". Y entonces una infinidad de temas saltan a la vista, pasan por su pluma envenenada y satírica, como invitados con los cuales el autor se divierte y moldea las formas que le dan la gana. Esto aunado al majestuoso manejo del lenguaje que nos presenta esa jerga de barriada, usada para exhibir la desbordante lucidez que lo caracteriza, logran que la novela alcance unas altas cotas de lirismo, de música ondulante entre párrafo y párrafo.

" Disponía de otros preceptos para mi edificación moral, para mi rehabilitación. Me lo ofrecían todo antes de que me marchara. Me lo llevaba todo a Inglaterra, lo buenos principios... Excelentes... y la gran vergüenza de mis instintos. No me iba a faltar de nada. El precio estaba convenido. Dos meses enteros pagados por adelantado. Prometí ser ejemplar, obediente, valiente, atento, sincero, agradecido, escrupuloso, no mentir nunca y sobre todo no robar, no volver a meterme los dedos en la nariz, volverme irreconocible, un auténtico modelo, engordar, aprender el inglés, no olvidar el francés, escribir al menos todos los domingos. Prometí todo lo que quisieran, con tal de que me dejaran marcharme en seguida... Que no volviera a empezar una tragedia. Después de haber hablado  tanto, ya no nos quedaba cháchara... Era el momento de partir. Se me ocurrían pensamientos feos, me venían sensaciones preocupantes, me preguntaba si los ingleses serían tal vez más cabrones, más hijoputas, y peores que los de aquí..."

Las primeras páginas son duras, pues el autor no da espera, no le da tiempo al lector de entender su propósito de mostrar al Paris de hace cien años como era, de hacer gala de esa objetividad y del sentimiento implícito de perfección y humanismo que trae cada página. Los pequeños acontecimientos vienen acompasados de desgracia o mejor aún, de una triste felicidad dada por la mediocridad de sus personajes.

La pobreza y la miseria intelectual van de la mano en muchos de los personajes, no tan así en el padre de Céline. Allí, el hombre representa ese antihéroe que más que juzgado es observado por su hijo, sin que tenga nada para mostrarle o quizás enseñarle. Muchos años después, Céline calificó a su padre como un hombre de letras que siempre quiso escribir, pero que no nunca lo hizo. En la novela nunca se lee una mala palabra de Céline frente a su padre, no obstante los sentimientos cercanos a la repulsión que a veces sentía, por tener que llevar una pobreza digna, que según él, es la peor de todas.

Posiblemente el gran aporte de Céline a la literatura se dio en el "Viaje al fin de la noche", al introducir el lenguaje hablado al literario, rompiendo toda regla hasta entonces. Esa "invención", se amplía en "La muerte a crédito", en donde los diálogos son sencillamente certeros, llenos de un realismo adictivo al extremo, limpios respecto de la visión del autor, parecen sencillamente no escritos, solo hablados. Esa es en gran parte, la magia de este libro.

Algunos dirán que hay muchos puntos suspensivos, lo cual es cierto. También, que las interjecciones le quitan ritmo y a veces no se entiende o no se sabe hacia dónde va el relato, qué pretende el autor. Pero ese precisamente es uno de sus mayores valores, la incertidumbre de la vida misma llevada a las palabras, al sentimiento que concatenadas estas producen, que en mi caso es un dejo de nostalgia frente a otras épocas, frente a la ingenuidad de muchos de los personajes y del mismo Ferdinand.



"Lo arrastré por el suelo... Rugía... Berreaba... ¡Vale ya! Le acaricié la carne del cuello... Estaba de rodillas sobre él... Me enredé con los vendajes, se me quedaros las dos manos cogidas. Tiré. Apreté. Seguía pisándolas... Pataleaba... Me dejé caer con todo mi peso... Estaba asqueroso... Soltaba gallos... Yo lo machacaba... Lo estrangulaba... Estaba en cuclillas... Me hundí de lleno en la piltrafa... Babeaba... Tiré... Arranqué un buen pedazo de bigote... ¡Me mordió el guarro!... Le hurgué en los agujeros... Todo pringado... mis manos resbalaban... Se retorció...Se me deslizó de los dedos... Me aferró con ganas en torno al cuello... Me atacó la glotis... Yo apreté más. Le casqué la chola contra las baldosas... Se soltó... Volvió a quedar fláccido... Fláccido bajo mis piernas... Me chupó el pulgar... Siguió chupando... ¡Joder! Alcé la cabeza justo entonces... Vi la cara de mi madre precisamente ahí a la altura de la mía... Me miraba, con ojos desorbitados... Se le dilataban los acáis tanto, que yo ya no sabía ni dónde estaba... Lo solté... ¡Otra cabeza surgió de la escalera!... por encima del hueco... ¡Era Hortense!... ¡Seguro! ¡Exacto! ¡Era ella! Lanzó un grito prodigioso... ¡Socorro! ¡Socorro!, se desgañitaba... Me fascinó también ella entonces... Solté a mi viejo... Di un salto... ¡Ya estaba encima de Hortense!... ¡Iba a estrangularla! ¡A ver cómo pataleaba ella! Se desasió... Le pintarrajeé la cara... Le cerré la boca con las palmas... El pus de los forúnculos, la sangre compacta, reventó, le chorreó... Las piaba más fuerte que mi papá... La agarré... Se retorció... Estaba cachas... Yo quería estrangularla también... La sorpresa... Como un mundo oculto que se agita en tus manos... ¡La vida!... Hay que sentirla... Le zurré el cogote a base de golpes tercos contra la barandilla... Retumbaba... Le sangraban los cabellos... ¡Aullaba! ¡Se le había abierto! ¡Le metí un dedo en el ojo!... No la tenía bien cogida... Se zafó... Dio un brinco... Salió de naja... Tenía fuerza... Cayó rodando por las escaleras... La oí vociferar desde fuera... Alborotaba la calle... Sus gritos se oían hasta arriba... ¡Al asesino! ¡Al asesino!... Oí los ecos, los rumores."

La ironía llega a cimas altísimas. A veces, para calificar algo como irónico, hay que tener un elemento de juicio al otro lado de la balanza que nos haga pensar en lo opuesto, pero en esta historia hablar de simple ironía sería facilismo, pues no hay con qué contrastarla, no hay un deber ser constante. La vida se convierte en una broma de mal gusto, deja un sinsabor en la boca de todos, solo que unos se dan cuenta y otros no. Aquellos que no, son dibujados con "ironía", los que sí, son monstruos.

El joven Ferdinand deja su casa después de haber intentado ser aprendiz de comerciante, ayudante en un taller, y finalmente haber intentado una vida en Inglaterra aprendiendo un idioma, algo por lo cual sus padres sacrificaron casi todo y que el muchacho tiró por la borda. Momentos extremos, dolorosos, amorosos, sobrecogedores, escatológicos y después de todo, humanos, marcan la primera adolescencia de Ferdinand.

En una segunda parte, el joven Ferdinand, conocer a Courtial des Pereires, un inventor loco y enmbaucador, amigo de su tío, quien es el único que lo recibe después de que el muchacho golpeara a su padre casi hasta matarlo, al anti héroe, al desdichado viejo. En este momento la historia deja de ser un poco personal y se adentra en descripciones detalladas de los inventos, actividades y en general el entorno que rodea su nueva vida con Des Pereires. Aquí Ferdinand traspasa la barrera de contar su vida, para ser un observador objetivo de la vida de Des Pereires. Se convierte en su ayudante, su mano derecha. Un Sancho Panza moderno.

Courtial es su amigo, aunque no tenga una sola palabra para él ni buena ni mala. Lo ve de lejos para unas y de cerca para otras, pero lo cierto es que, de manera más inconsciente que consciente, su figura marcará el final de una etapa y provocará en él sentimientos insospechados.

El final es lo de menos. En historias como estas da la sensación de que cualquier cosa que se diga para poder concluir la historia, sobra. De hecho que que empalma con el comienzo del "Viaje". Bien puede haber un final redondo o simplemente ninguno. Ya con lo dicho basta. Lo cierto es que toda la inocencia escondida y negada a través de páginas y páginas, golpes y golpes, desdichas e infortunios a lo largo de la historia, se ven descifradas y expuestas con un hermoso "No, tío".


Citas tomadas de: CELINE Louis-Ferdinand, Ed Lumen, Barcelona, Primera Edición 1987. Traducción de Carlos Manzano.

domingo, 11 de noviembre de 2012

Plataforma de Michel Houellebecq




Así, sin muchos preámbulos Michel Houellebecq nos va contado la vida de Michel. ¿De cuál? Tal vez de él, o quizás de otro. El Michel de la historia es un empleado público francés, que trabaja en el Ministerio de Cultura, organizando el presupuesto de algunas exposiciones. Es un hombre que está entre la muerte en vida que supone la función pública y la reacción al eterno interrogante de la existencia que puede significar el arte.

No obstante, Michel conoce los recurrentes interrogantes que rodean la vida, no solo la suya sino la de cualquiera lo que decanta su única preocupación hacia una fuerte atracción hacia el sexo. El sexo es tal vez lo único que le puede dar un poco de sentido a seguir viviendo. Atraído por esta alucinación y consecuente a su canon, se dirige al único lugar del mundo donde la significación de sexo, responde exactamente al planteamiento de Michel, Tailandia.

Una vez en Bangkok, Michel conoce a Valérie, una francesa que trabaja en el sector del turismo y que se encuentra de vacaciones allí, posiblemente en busca de ideas para nuevos negocios en el sector, aunque lo niegue. Valérie representa la mujer ideal en los términos de un hombre solitario, pragmático y que ha perdido casi toda sensibilidad. Es la mujer que encuentra felicidad en dar felicidad a otro, en este caso la cosa comienza desde lo sexual. La pareja se dedica en recorrer el infinito universo sexual en Tailandia, Cuba, Paris, y con una variedad de personajes de casi todos los calibres.

Los pasajes sexuales son explícitos, pero mantienen esa sencillez que los libra de toda pretensión y por ende llegan realmente. Alguien podría llamarlos pornográficos, y posiblemente lo son, pero el contexto del porno es solo mostrar la escena, aquí tenemos una escena pornográfica dentro de un conflicto humano. ¡Las cosas como son!

Con una técnica narrativa que pasa de una conversación relativa a la planificación de la instalación de unos hoteles de lujo en el caribe a una felación en plena calle pública o a las eyaculaciones de Michel en la boca de Valérie, Houellebecq juega con el lector, poniéndole en frente una imagen sexual que en ocasiones parece sobrecargada, pero que al final resume los sentimientos y angustias más elementales entre orgasmos, orgías y bares swingers.



En Plataforma, Houellebecq aborda varios temas, el agotamiento de occidente, el fundamentalismo islámico, el sexo como válvula de escape, y lo que entre líneas podemos llamar amor. La novela está narrada de una manera limpia, sin cortapisas en su desarrollo, siempre se dirige con claridad, hacia el punto al cual quiere llegar. 

Al final ni siquiera la muerte lo toca, como sí lo hace el vacío que representa vivir. El Michel de la historia es el producto consciente de occidente, el alcohol destilado de la sociedad enferma en la que ha vivido. Es por esto que la historia termina en Pattaya (Tailandia al extremo), donde ya ni siquiera el sexo puede ser un aliciente a esa pesada carga existencial, la piedra se le derrumba encima al pobre Michel, al que le toca la peor de las torturas, cual es la de vivir en un lugar en el que fue feliz.

"En cuanto dejé la maleta en el suelo polvoriento de la estación de autobuses, supe que había llegado al final de camino. Un viejo colgado, esquelético, con el pelo largo y gris, además de un enorme lagarto posado en el hombro, pedía limosna a la salida de la puerta giratoria. Le di cien baths y luego fui a beber una cerveza al Heidelberg Hof, que estaba justo enfrente. Había pederastas alemanes, bigotudos y barrigones, contoneándose con sus camisas floreadas. Cerca de ellos tres adolescentes rusas que habían llegado al grado más bajo del puterío se retorcían al ritmo de un gigantesco radiocasete; las sórdidas mamoncitas rodaban literalmente por el suelo. Andando por las calles de la ciudad, y en tan sólo unos minutos, me crucé con una impresionante variedad de especímenes humanos: raperos con gorra, marginales holandeses, ciberpunks con el pelo rojo, bolleras austriacas llenas de piercings. Después de Pattaya no hay nada más, es una especie de cloaca, de desagüe terminal adonde van a dar los variados residuos de la neurosis occidental. Ya sea uno homosexual, heterosexual o ambas cosas, Pattaya es también el destino de la última oportunidad, después de la cual sólo cabe renunciar al deseo".

"Diez años atrás e había dado cuenta de que las cosas empezaban a irle mal: seguía saliendo por las noches, iba a los mismo clubs, pero volvía más a menudo con las manos vacías. Claro, podía pagar; pero si tenía que hacrlo, prefería pagarle a un asiático. Se disculpó por la observación, esperaba que yo no lo tomara como un comentario racista. No, no, claro, yo le entendía: es menos humillante pagarle a gente que no se parece en nada a la gente que uno habría seducido en otros tiempos, gente que no le trae a uno el menor recuerdo. 
Si hay que pagar por la sexualidad, es mejor que sea, en cierta medida, una sexualidad indiferenciada. Como todo el mundo sabe, una de las primeras cosas que la gente experimenta cuando entra en contacto con otra raza es esa indeferenciación, esa sensación de que todo el mundo, poco más o menos, se parece físicamente. El efecto se desvanece al cabo de unos meses de estancia, y es una pena, porque corresponde a una realidad: en el fondo, los seres humanos se parecen muchísimo. Sí, se puede distinguir entre hombres y mujeres, y si se quiere, entre edades diferentes; pero cualquier distinción más exhaustiva responde en cierto modo a la pedantería, y probablemente al aburrimiento. La gente que se aburre fomenta distinciones y jerarquías, es uno de sus rasgos característicos. Según Hutchinson y Rawlins, el desarrollo de los sistemas de dominación jerárquica en el seno de las sociedades animales no corresponde a ninguna necesidad práctica, a ninguna ventaja selectiva; simplemente es un medio para luchar contra el aplastante aburrimiento de la vida en plena naturaleza".

"Seguiré siendo hasta el final un hijo de Europa, de la angustia y de la vergüenza; no tengo ningún mensaje de esperanza. No odio occidente, todo lo más lo desprecio con toda mi alma. Sólo se que, tal como somos, apestamos a egoísmo, masoquismo y muerte. Hemos creado un sistema en el cual ya no se puede vivir; y lo que es más, seguimos exportándolo. Cae la noche, las guirnaldas de bombillos multicolores se encienden delante de los heers hars. Los seniors alemanes se sientan a las mesas y ponen la manaza en el muslo de su joven acompañante. Saben de la angustia y de la vergüenza más que nadie, necesitan carne fresca, una piel suave, tierna. Pocas veces se ve en ellos esa vulgaridad pragmática de y satisfecha de los turistas sexuales anglosajones, esa manera de comparar a todas horas la prestación y el precio. También es raro que hagan gimnasia, que cuiden su propio cuerpo. Por lo general comen demasiado, beben demasiada cerveza, acumulan grasa; la mayoría no tardará en morir. Suelen ser amistosos, les gusta bromear, pagar rondas, contar anécdotas; sin embargo, son una compañía deprimente, triste".
 
 Notas tomadas de: HOUELLEBECQ. MIchel, PLATAFORMA, Ed. Anagrama 2002, Traducción de Encarna Castejón.




domingo, 28 de octubre de 2012

Al Faro de Virginia Woolf




Desde las primeras páginas, Al Faro deja ver la atmósfera ineludible, oscura y tensa que acompaña la narración hasta el final. El matrimonio Ramsay tiene varios hijos. El padre, Mr. Ramsay es un hombre frío, lejano, que en ocasiones produce terror en sus hijos, sin que se lo proponga, pero generalmente odio. Tiene un aire intelectual, y posee una inclinación literaria, que no ha producido resultados muy brillantes, pero sí lo suficientes para dejar entrever su personalidad e intereses. Por otro lado, Mrs. Ramsay es una mujer que se debate entre el hecho de ser la sombra de un esposo brillante o hacer su propio camino. Lo cierto es que su debate interior, es el comienzo de un intenso flujo de conciencia en tercera persona que le termina dando el cuerpo a la novela. Al parecer las figuras de los Ramsay, están fuertemente influidas por lo que eran los padres de Virginia Woolf.

De otro lado aparece Lily Briscoe, una artista que se dedica a pintar en la casa de campo de los Ramsay, lugar donde se desarrolla la historia. Lily es una invitada junto con otras personas, a pasar una temporada en la casa de la familia en las Islas Hébridas y representa casi todo lo que Mrs. Ramsay no puede ser. Es la liberación femenina y la demostración viva de que las mujeres tienen capacidad artística capaz de expresar las sensaciones más allá de lo meramente sentimental.

Lily Briscoe se debate entre las dudas que tienen que ver con la posibilidad de que lo que hace no valga la pena realmente, o que posiblemente terminen siendo una expresión artística digna de ser vista y admirada, que responda a lo que ella quiere. Esas dudas siempre se ven alimentadas por Charles Tansley, otro invitado en casa de los Ramsay que se encarga de recordarle a Lily, lo que para él es cierto y es que las mujeres no tienen la virtud y el talento para escribir o en general para expresarse artísticamente.

"Y, sin embargo se dijo que, desde el comienzo del mundo, se han cantado odas al amor: para él han acumulado guirnaldas y rosas; y si se preguntase a la gente, nueve personas de cada diez asegurarían que no desean otra cosa, mientras la mujeres, a juzgar por su propia experiencia, estarían sintiendo: esto no es lo que queremos; no hay nada más tedioso, más pueril, más inhumano que el amor; y no obstante es también hermoso y necesario. Y entonces ¿qué?, preguntó como si esperara que los demás continuasen la discusión, como si en una discusión cual ésta, la pequeña saeta que cada uno lanza fuera incapaz de dar en el blanco, a menos de ser recogida por los demás para continuar la lucha. Por lo tanto, volvió a escuchar lo que los otros decían, por si acaso le daba nuevas luces sobre el tema del amor".
"¿Qué significaba todo aquello? No tenía la menor idea. ¿Una raíz cuadrada? ¿Qué era eso? Sus hijos lo sabían. Se apoyaba en ellos, así como en los cubos y en la raíces cuadradas; de eso estaban hablando ahora; de Voltaire, de Mme. de Staél, del carácter de Napoleón, del sistema rural francés, de lord Rosebery, de las memorias de Creevery; dejaba que ese admirable edificio de la inteligencia masculina, que sube y baja, pasa y repasa, la sostuviera en alto -como si fueran vigas de hierro manteniendo al mundo-, y se confiaba plenamente a ellos, incluso con los ojos cerrados -o entreabiertos unos instantes- como un niño que, desde su almohada, pestañea ante esas capas superpuestas que constituyen los miles de hojas de un árbol. Despertó entonces de su ensueño. Todavía se estaba fraguando el edificio. William Bankes elogiaba las novelas de Walter Scott".


Estos planteamientos claros por demás desde el comienzo, le dan una característica narrativa de brillante introspección, valiéndose de un constante flujo de conciencia para desarrollar todos los temas que la autora pretende. Los hechos o acciones son casi nulas, por no decir que no pasa nada a excepción de una cena y otro eventos menores. La historia solo se mueve en la mente de los personajes y en la posibilidad de ir a visitar un faro que se atisba a la distancia; visita a la cual cada uno le da su propia interpretación.



Una vez más, y de una manera magistral los personajes se van desarrollando solo con el transcurrir de las páginas, pero no porque se pretenda dar una descripción detalladas de ellos, para ilustración del lector, no. Se desarrollan a partir de sus propios pensamientos y de las opiniones que de sí se dan entre unos y otros. Es así como la imagen que tenemos de Mr. Ramsay es dada por las opiniones de Lily o por los pensamientos de algunos de sus hijos. No hay una fórmula que los descifre de manera objetiva, lo hacen entre ellos, y esta herramienta lleva la trama a unos niveles de complejidad insospechados, al punto que la interpretación de la historia y el significado de los papeles de quienes en ella intervienen, son casi que decisión personal del lector.

El elemento introspectivo parece planteado para resolver un interrogante sobre el cual gira el libro, y es si las mujeres realmente pueden escribir, pintar o en general expresarse a través del arte. Es posiblemente parte del interrogante que acompañó la vida y carrera de Woolf, en una sociedad donde la mujer tenía un papel claramente definido y que estaba por fuera de las expresiones artísticas. Ese tema central planteado se ve iluminado por una hábil manera metafórica a través del faro, de su luz y de la posibilidad de llegar a él, aunque realmente el significado es personalísimo.

En la historia transcurren diez años, que se ven impregnados de una oscura y densa narrativa que por momentos hace perder al lector en el fondo de la historia o de la misma introspectiva. No hay acciones a corto plazo, todo son abstracciones, recuerdos y deseos. Así pasan los diez años en un puente narrativo entre la estancia inicial en la casa cerca a la playa, donde las olas son importantes, como lo serán en la carrera literaria de Woolf. En esos diez años algunos hijos del matrimonio fallecen y también Mrs. Ramsay. Esto hace que en realidad no haya protagonistas, sino que el protagonista sea la historia misma, y los pensamientos que cada uno proyecte. Cada cual colabora con una parte de la historia y su visión particular que de los acontecimientos dan.

La casa se ve abandonada, y empieza casi a caerse por deterioro, una descripción similar a la que de una casa en ruinas haría posteriormente Mujica Lainez, precisamente en "La casa". Así, con ese escenario los personajes que sobreviven deciden volver a la vieja casa a hacer real su postergada visita al faro, sobre el cual siempre hubo mal tiempo, que circundó también el tono de la narración.

Allí se encuentran y emprenden el azaroso viaje en un bote, durante el cual cada uno va llenando su cabeza de pensamientos y de evocaciones acerca del momento en que lleguen a ese lugar pendiente que todos parecieran tener, entre tanto Lily sigue sola en la casa pintando un retrato de Mrs. Ramsay, al cual tampoco sabe qué tono darle para finalizarlo.

"Pero, mirando su cuadro, se sorprendió al no poder verlo. Sus ojos estaban anegados en un líquido caliente (al principio no pensó que se tratase de lágrimas) que, sin turbar la firmeza de sus labios, corrían por sus mejillas y enturbiaban la atmósfera. Se dominada perfectamente -¡oh sí!- en todos los sentidos. ¿Estaba llorando acaso por Mrs. Ramsay, sin darse cuenta de su pena? Volvió a dirigirse al viejo Carmichael. ¿Qué sería? ¿Qué significaba? ¿Podían, acaso, las cosas extender sus manos y agarrarnos? ¿Podría cortar la hoja de cuchillo? ¿Podría el puño agarrar su objeto? ¿No podía uno tener seguridad? ¿No habría manera de aprender de memoria los usos del mundo? No existen ni guías, ni refugios, ¿será todo un milagro, un salto en el espacio desde la cúspide de una torre? ¿Es posible que sea esto la vida, incluso para la gente de edad? -¡tan desconcertante, inesperada, desconocida! Sintió un instante que, si ambos se levantaran, aquí en la pradera, para pedir una explicación de por qué la vida era tan corta e inexplicable y se formularan la pregunta con violencia, como pueden hacerlo dos seres humanos en plena posesión de sus facultades y a los que nada puede permanecer oculto, entonces la belleza se enrollaría, el espacio vacante se llenaría y esos vanos arabescos recobrarían su forma; sí, Mrs. Ramsay  volvería si gritasen bastante fuerte. "¡Mrs. Ramsay!" -dijo en voz alta-. "¡Mrs. Ramsay!" Las lágrimas corrían por sus mejillas".

Todo esto es posible y finamente presentado, gracias a la posibilidad que la tercera persona da, a la soberbia técnica del flujo de conciencia empleado para tal fin. No hay un narrador, cualquiera asume ese papel, como en la forma en que observan a Mr. Ramsay, cada cual de acuerdo a sus pensamientos y estructura mental.

Pero más allá de lo dicho, la mirada final, la visión general de los acontecimientos la da Lily Briscoe, la mujer artista que en su silencio y dentro de una posición pasiva, observa todo mientras libra una lucha salvaje contra esa voz que le grita su incapacidad artística, pero que sobrepasa a su manera; a la más natural, con la respuesta que solo satisface al artista, y que es justa a su verdad.

Notas tomadas de:

WOOLF Virginia, Al Faro, Editorial Porrúa, 1998, Av. Santana #8, Lerma Edo de México.

domingo, 2 de septiembre de 2012

La Náusea de Jean-Paul Sartre





A la pregunta de si La Náusea es una novela eminentemente filosófica, en donde más que el movimiento natural de una historia de ficción, marcado por un comienzo, nudo y desenlance, se genera en la observación, el detenimiento de los pasajes y las profundas reflexiones que hace Roquentin, habría que decir que no es tan así. La historia, evidentemente tiene unos antecedentes, un nudo, si se lo quiere llamar así y un final, que posiblemente no se pueda catalogar dentro de lo que se denomina como desenlace, pero que evidentemente le dan una conclusión a la historia, a la manera y fiel al estilo de la novela.

Antoine Roquentin, es un hombre de unos treinta años, que ya ha aventurado por Asia, que no ve más sentido en emprender grandes y exóticos viajes, y que dedica sus días y su poco dinero a investigar y escribir acerca del Marqués de Rollebon. La historia se desarrolla en Bouville, una ciudad imaginaria, en donde el protagonista se convierte en asiduo asistente a la biblioteca en la cual conoce a un hombre que se nombra a lo largo de la historia como "El autodidacto", sobre el cual no hay mucho qué decir, solo que sigue rigurosamente el orden alfabético de los libros que lee y que al final devela una inclinación sexual tendiente a la pedofilia.

"El autodidacto", nos evoca a Settembrini, el personaje de la "Montaña Mágica" de Thomas Mann, aunque en una muy inferior medida, se puede decir que cumplen su función de acompañamiento, llevan al personaje a sendas, que sin su presencia serían casi insospechadas. Parece ser una característica fundamental de la novela filosófica; Roquentin no puede hablar consigo mismo todo el tiempo.

La Náusea es un grito de juventud, una alusión constante al conocimiento, un himno a la erudición y al hastío,  a la insignificancia y al absurdo que esto mismo significa, es la respuesta a la nada, es la existencia. Es una exposición novelística de un manifiesto existencialista, la primera novela de Sartre. Roquentin no es nadie, a pesar de que puede calificarse de "alguien", Roquentin es lo que está por hacer, en otras palabras, no ha sido. Es la esencia del existencialismo, plasmado en casi todos los acontecimientos que rodean la vida del protagonista.

"Lo esencial es la contingencia. Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí, simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos. Creo que hay quienes han comprendido esto. Sólo que han intentado superar esta contingencia inventando un ser necesario y causa de sí. Pero ningún ser necesario puede explicar la existencia; la contingencia no es una máscara, una apariencia que puede disiparse; es lo absoluto, en consecuencia, la gratuidad perfecta. Todo es gratuito: ese jardín, esta ciudad, yo mismo. Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estómago y todo empieza a flotar, como la otra noche en el Rendez-vous des Cheminots; eso es la Náusea; eso es lo que los Cochinos -los del Coteau Vert y los otros- tratan de ocultarse con su idea de derecho. Pero qué pobre mentira; nadie tiene derecho; ellos son enteramente gratuitos, como los otros hombres; no logran no sentirse de más. Y en sí mismos secretamente, están de más, es decir, son amorfos y vagos, tristes".

A partir de la observación y de un agudo sentido de la realidad, Roquentin se figura en cada pequeño momento, en cada espacio de tiempo y lugar, la razón de ser de su existencia, y siempre encuentra que la respuesta está más allá de su preparación para comprenderla.

Roquentin se nos parece a un Hans Castorp no tan ingenuo, tal vez no tan preparado, a un Harry Haller, más trascendental, menos mundano. La pregunta entonces surge, y es ¿Se puede hablar de literatura existencialista?, o más bien, en el caso de La Náusea, ¿estamos frente a un texto filosófico existencialista, disfrazado de novela? Posiblemente lo uno y lo otro son ciertos, por un lado, la literatura debe ser existencialista, es un deber moral del arte, indagar por la naturaleza humana y esto indefectiblemente nos lleva a una posición que va más allá de nuestra esencia de individuos; de otra parte, no sería posible hacer una catalogación del arte literario, entendido como la concordancia con corrientes filosóficas, es más bien una exposición de motivos, un entendido que agrupa la discusión filosófica, que se vale de argumentos por medio de ésta, pero que no pretende afiliarse a una postura en particular. Sería absurdo y desnaturalizado pensar en una novela adaptada a un movimiento filosófico, que debe su existencia a la realidad de la cual la novela como género, también ha tomado parte y frente a la que tiene un elevado compromiso.

No obstante, para el profesor Alphonse de Waelhens, todo el pensamiento de Heidegger se traduce en el siguiente fragmento:

"Estaba, pues, hace un momento en el jardín público. La raíz del castaño se hundía en la tierra justamente por debajo de mi banco. No me acordaba ya de que esto era una raíz. Las palabras se habían desvanecido, y con ellas la significación de las cosas, sus modos de empleo, las débiles marcas que los hombres han trazado en su superficie. Estaba sentado, un poco inclinado, la cabeza baja, sólo ante esta masa negra y nudosa, enteramente bruta y que me causaba miedo. Y después tuve esta iluminación".
Posiblemente sí, tal vez sea eso, pero hablando fuera de los límites temporales, es el pensamiento heideggeriano el que se expresa a través de este fragmento, o más bien la historia contada de la forma en que está, la que toma conclusiones que también asume Heidegger de manera independiente. En otras palabras, es Sartre el que quiere llevar a Heidegger a través de sus palabras, o posiblemente que a través de la realidad y la observación llega a la idea de Heidegger. 



El narrador mantiene un tono lejano, un poco escéptico, lo cual hace que las situaciones corran sin ninguna justificación aparente y que más pareciera una novela fuera de cualquier estilo o género, pues decir que es una novela de ciudad, sería demasiado facilista.

La novela fue escrita en 1931, pero solo corregida y publicada hasta 1938, esto, por cuanto las evocaciones a Céline, son evidentes, especialmente respecto al "Viaje al fin de la noche", que fue publicado en 1932. Aquí vemos a un personaje frío, con altos y bajos emocionales que solo es él mismo. En La Náusea, Roquentin está en búsqueda de sí mismo, mientras que el Bardamu de Céline no lo hace.

"¡Dios mío! ¿yo voy a llevar esta vida de hongo? ¿Qué haré de mis días? Pasearé. Iré a las Tullerías a sentarme en una silla de hierro, o más bien en un banco, por economía. Iré a leer a las bibliotecas. ¿Y después? una vez por semana, cine. ¿Y después? ¿Un Voltigeur, los domingos? ¿Iré a jugar al croquet con los jubilados del Luxemburgo? ¡A los treinta años! Me doy lástima. Hay momentos en que me pregunto si no me valdría más gastar en una año los trescientos mil francos que me quedan, y después... ¿Pero qué conseguiría con eso? ¿Trajes nuevos? ¿Mujeres? ¿Viajes? Lo he tenido todo y ahora se acabó, ya no me tienta; ¡para lo que me queda! Dentro de un año me encontraría tan vacío como hoy, sin un recuerdo siquiera y cobarde frente a la muerte.
¡Treinta años! Y 14.400 francos de renta. Cupones a cobrar todos los meses. ¡Sin embargo, no soy un aciano! ¡Que me den algo que hacer, lo que sea! Sería preferible que pensara en otra cosa, porque en este momento estoy por representarme la comedia. Sé muy bien que no quiero hacer nada; hacer algo es crear existencia, y ya hay bastante existencia". 

Finalmente, más allá de las discusiones sobre su estilo o no, La Náusea está magistralmente escrita, fue la primera novela de Sartre, alguien que también dedicó tiempo a desarrollar, desde el ensayo, esa eterna pregunta de ¿Qué es la literatura?, y también desde obras como "El idiota de la familia", donde se pregunta de dónde aflora el deseo de escribir. La Náusea nos regala esa bella conclusión, dónde tal vez lo único que le de sentido a la vida de Roquentin, sea escribir una historia de ficción.


Citas tomadas de: SARTRE, Jean-Paul, La Náusea, Editorial Losada S.A., Buenos Aires, Décimotercera edición, Traducción de Aurora Benítez, 1947.

lunes, 2 de julio de 2012

Santuario de William Faulkner




Escrita de una manera poco convencional, por decirlo de algún modo, Santuario explora el tema de la maldad de una manera directa, sin ataduras y sin enmiendas. El tema es claro, y bien manejado, ahora, otra cosa es el relato, la forma como se ha dicho.

En varias oportunidades el propio Faulkner, admitió que el relato le parecía "enclenque", y en mi concepto no se equivocaba. Así mismo, y por muchos años se sintió avergonzado de la obra, tal vez por el propio hecho de ser un moralista y de materializar en letras, una historia de vergüenza, horror y maldad en plenos años treinta.

La historia se centra básicamente en Horace Benbow, un notable abogado, hombre de buen corazón y una especie de incipiente super héroe americano moderno. Benbow conoce en casuales circunstancias a Popeye, un matón y delincuente nato, quien a pesar de su escuálida figura, es capaz de lo impensable. Luego, se presentan una serie de personajes, tanto trascendentes como poco importantes en la historia, sobre los cuales el autor ahonda por igual, lo cual genera cierta expectativa en lo referente a saber la importancia de aquellos pequeños detalles en la historia final, en la gran historia.

Es así como aparecen Tommy, un contrabandista menor, Lee Goodwin, contrabandista de licor también, Gowan y Temple Drake, esta úlyima, bella muchacha, hija de un juez, que tiene fama de ser fácil y un poco descarriada. Por circunstancias que no son muy claras y en las cuales no siempre se ahonda, Temple termina  en casa de Goodwin. En una noche de alcohol Popeye asesina a Tommy, quien intentaba proteger a Temple, y acto seguido procede a violarla, y esto es tal vez lo que escandalizó en su momento, fue violada con una tusa de mazorca, pues su agresor era impotente.

Es ahí donde aflora la sensación de maldad y de injusticia, de la impunidad que acompañará a la historia hasta el final. De la figura criminal de Popeye, y de ese héroe infortunado en que se convierte Benbow. La misión del abogado, de ahí en adelante, no será otra que intentar demostrar que Lee Goodwin no fue el asesino de Tommy y abogar por que no sea ejecutado injustamente.

Por otra parte Benbow, tiene un matrimonio desafortunado y casi que su conciencia es su hermana. La historia a veces llega y a veces no. La narración tiene unos pasajes líricos de alta emotividad, así como de manera despreocupada deja que los acontecimientos pasen sin tantos miramientos, sin hacer preámbulos, sin hacer énfasis, en otras palabras sin centrar la atención del lector en lo que va a pasar. Faulkner, como muchos otros escritores, ya tiene definidos los personajes en su cabeza antes de presentarlos en el relato y les da el oficio que necesitan, de inmediato los pone a trabajar, ya sea para la historia o no, pero de ninguna manera los deja estáticos, esa es su gran virtud en el caso de Santuario.

En cuanto al narrador, a veces y caprichosamente, pasa de la tercera a la primera persona. La técnica narrativa es compleja y vuelve entonces el debate de la diferencia entre un gran escritor y un gran prosista. Seguro que Faulkner en Santuario muestra una prosa deslumbrante, que a veces conmueve, pero más que esto, lo que realmente muestra, es el cambio de giro narrativo que relaja al lector y que lo lleva por caminos sobrecogedores, pero que a veces parecen intrascendentes.



Algo que no logra el libro es incluir al lector en la historia, personalmente quedé con la impresión de haber sido un invitado al cuento de Faulkner. Aunque el lector asiste a una violación, un linchamiento, una ejecución, un asesinato, me queda la sensación de que todo pasa, todo se dijo simplemente, pero nada quedó en la memoria, nada impregnó. Una historia de maldad, eso sí, pero no terrible, tal vez porque pocas veces se ahonda en la memoria, en la mente de sus personajes, la ausencia de soliloquios de espacios introspectivos son notables. La narración posee maestría, eso es indudable, pero le falta alma.

Es así como toda esa maldad y horror de Santuario, de la cual se habló por tanto tiempo, hoy es casi anecdótica, no se si afortunada o desafortunadamente. De otro lado, la exagerada cantidad de interjecciones e intentos por mostrar el lenguaje de manera natural, la hace más distante aún. Es un intento por llevar el lenguaje hablado al escrito, al literario; los personajes siempre se interrumpen en sus diálogos. Las palabras quedan incompletas y así se escriben, es el estilo de Faulkner y un estilo es un estilo.

De otro lado, tal vez el hecho de que haya existido una segunda versión, que es la que aquí se reseña, hizo que hubiese modificaciones sensibles respecto de la primera, escrita tres años antes en 1929, en la cual se incluían anotaciones más disientes respecto a una posible relación incestuosa de Benbow con su hermana y su hijastra. De otro lado en esa versión, el protagonismo parecía estar definido a favor de Benbow, mientra en la segunda los personajes de Popeye y Temple cobran fuerza, lo cual posiblemente hizo que la historia no tuviera un eje principal capítulo tras capítulo, sino que fueran muchos narrados con sencillez. Al final, es cierto la historia tiene que llevar a algo, pero el camino para acceder allí, está compuesto por muchas piedras de río sobre las que hay que saltar y vivirlas una a una. 

No obstante, el genio de Faulkner sobresale sí o sí, y las figuras literarias redundan en calidad, especialmente los símiles, que generalmente sorprenden. Es una lástima que haya páginas y páginas de diálogos entrecortados, en vez de dejar ver la parte psicológica de los personasjes, tan interesantes como Popeye y Benbow, incluso la misma Temple, de quien no se sabe porqué al final actúa de la manera en que lo hace. Aún así, las pocas veces que el autor trabaja en esto, su lucidez es impresionante.

"Ella tenía los ojos completamente abiertos, casi negros, el rostro bañado por la luz de la lámpara y dos minúsculos reflejos de su rostro en sus pupilas como guisantes en dos lagos de tinta".
"Bajo la cama, los perros no hacían el menor ruido. Temple se movió ligeramente; la queja seca del colchón y de los muebles se desvaneció en el terrífico silencio en que se agazapaban. Temple pensó en ellos, representándoselos lanudos, amorfos, salvajes, enojadizos, malcriados, la flatulenta monotonía de sus vidas abrigadas, arrebatadas sin previo aviso por un incomprensible momento de terror y miedo a la aniquilación corporal a manos de la persona que simbolizaba de ordinario la licenciosa tranquilidad de sus vidas".
"Aquella primera noche permanecieron despiertos por algún tiempo debido a la extrañeza de la cama y del cuarto y a las voces. Oían el rumor de la ciudad, evocativa y extraña, inminente y remota; la amenaza y la promesa a la vez; un ruido profundo y continuo sobre el cual brillaban y oscilaban luces invisibles: serpenteantes formas de esplendor en que las mujeres comenzaban a moverse ya en suaves actitudes de nuevos placeres y extrañas promesas nostálgicas. Fonzo se imaginó a sí mismo rodeado de varias filas de cortinas echadas, color de rosa, más allá de las cuales, en un rumor de sedas, en jadeantes susurros, la apoteosis de su juventud asumía un millar de avatares. "Puede que comience mañana", pensó; "puede que mañana por la noche..." Una flecha de luz apareció por encima de la cortina y se desplegó en abanico sobre el cielo raso. Bajo la ventana oyó una voz, una voz de mujer, luego la de un hombre; se fundieron, murmuraron; se cerró una puerta. Alguien subía por la escalera con un rumor de ropas semejante al de un látigo, sobre los rápidos y duros tacones de una mujer".
"La sala comenzó a zumbar de conversación aguda y sosegada. Los camareros se movían de aquí para allá con altas y precarias bandejas; sus chaquetas blancas y camisas negras semejaban negativos fotográficos. El propietario iba de mesa en mesa con su cabeza calva, un enorme diamante en su corbata negra, seguido de un guardián, un hombre fornido, de músculos excesivamente desarrollados y cabeza de bala, que parecía a punto de reventar su chaqueta de etiqueta y salir por la parte posterior, como un gusano de seda" 

La literatura necesitó de novelas como Santuario para avanzar, para cambiar el sentido de lo que escandaliza o no, para introducir un nuevo campo de batalla de las ideas, una nueva forma de decir las cosas, de tocar los sentidos de una manera positiva o negativa, de expresar el arte de la palabra, gracias Faulkner por mostrarnos que aún las creaciones de las que nos arrepentimos, dan luces en un oficio como este.

Citas tomadas de: FAULKNER William, SANTUARIO, Ed. Seix Barral S.A., 1985.

viernes, 11 de mayo de 2012

El extranjero de Albert Camus




Comentar "El extranjero", es algo que ya es del común acontecer. Es algo que no pretendo iniciar desde la óptica de una reseña. Solo decir que es una novela que logró descifrar tempranamente lo que marcaría al hombre de segunda mitad del siglo veinte. Una novela que más que novela es un relato. Pero por sobre esto es el primera trabajo grande de Albert Camus y como primero, deja la esencia del escritor, pero en contraposición a lo acostumbrado, lo hace de una manera armónica y ordenada.

Camus nos cuenta la historia de un hombre (Meursault), que es notificado de la muerte de su madre, y que sin el mayor desconsuelo, atiende sus servicios fúnebres. No obstante, ese hecho particular, le costará en gran parte su vida misma. El hombre no es lo que la sociedad quiere de él. No es lo que debería ser. Su visión desesperanzada del mundo, que no se dice, sino que el lector presiente, es el sello de identidad de Meursault.

"Sin duda quería mucho a mamá, pero eso no quería decir nada. Todos los seres normales habían deseado más o menos las muerte de aquellos a quienes amaban. Aquí el abogado me interrumpió y pareció muy agitado. Me hizo prometer que no diría tal cosa en la audiencia ni ante el juez instructor".

No tiene vicios, no tiene aficiones, y difícilmente es movido por algo. Así que una vez enterrada su madre, continuará su vida errante y en donde las situaciones y personajes son los que parecen llevarlo de un lugar a otro. En una ocasión Meursault se ve inmiscuido en una bronca de un amigo suyo con un grupo de árabes, luego sin saber exactamente porqué, nuestro protagonista asesina a uno de lo árabes de cinco balazos, al verse enfrentado al hecho de tener un arma en su mano.

El hombre es llevado a juicio y el proceso se convierte más bien en una audiencia de escarnio público, cuando las personas que recientemente lo han visto atestiguan en el sentido de tener claro que Meursault es frío y no tuvo sentimientos ni siquiera con su madre, no derramó ninguna lágrima por ella. A varios les consta. Meursault ni siquiera se defiende ni se muestra arrepentido, por lo menos abiertamente por la muerte del árabe. El veredicto es previsible.

"De mi lado hay una decena de detenidos, árabes la mayor parte. María estaba rodeada de moras y se encontraba entre dos visitantes, una viejecita de labios apretados, vestida de negro, y una mujer gorda, en cabeza, que hablaba muy alto y gesticulaba. Debido a la distancia que había entre las rejas, los visitantes y los presos se veían obligados a hablar muy alto. Cuando entré, el ruido de la voces que rebotaba contra las grandes paredes desnudas de la sala, y la cruda luz que bajaba desde el cielo sobre los vidrios y brotaba en la sala, me causaron una especie de aturdimiento. Mi celda era más tranquila y más oscura. Necesité algunos segundos para adaptarme. Sin embargo, concluí por ver cada rostro con nitidez, destacado a plena luz. Observé que un guardián estaba sentado en el extremo del pasillo entre las dos rejas. La mayor parte de los presos árabes, así como sus familias, estaban en cuclillas frente a frente. Pero no gritaban. A pesar del tumulto lograban entenderse hablando muy bajo. El murmullo sordo, surgido desde abajo, formaba un bajo continuo a las conversaciones que se entrecruzaban por sobre las cabezas. Observé todo rápidamente y avancé hacia María. Pegada ya a la reja me sonreía cono toda el alma. La encontré muy bella, pero no supe decírselo".




Esa historia se desarrolla en muy pocas páginas, porque es narrada con exactitud, en la medida en que no tiene detalles que le sobren. No hay lugar a formas complejas narrativas, y es que aunque de manera paradójica la narrativa se base en muchos detalles, todos sirven. Y esa descripción detallada hace que la historia sea muy íntima al lector.

Los párrafos son construcciones de frases muy cortas. Lo que da la sensación de estar anteponiendo pequeñas sentencias que tienen que hacer parte de un todo, generando de esta forma una expectativa casi imperceptible y que da la sensación de que algo sucederá. Lo anterior propicia entonces, que la historia sea rápida, se pasa de un acontecimiento a otro y no hay nada mejor que una historia sencilla narrada con rapidez.

Los personajes aparecen sin que previamente o sobre la marcha siquiera, se haga una breve reseña de ellos. Están ahí para crear el juicio. Son las pruebas en contra que necesita la historia. Camus deja al lector la historia de los personajes, incluso del protagonista, ese hombre frío que ni siquiera es malo, pero que es acusado y condenado por ser diferente. Es la historia de la sociedad que tacha al diferente, que no acepta su indiferencia, que lo repudia al extremo. Es así como en el juicio por ejemplo, lo más nimios detalles cobran dimensiones considerables al hacer parte de sentimientos que no solo tiene un personaje de ficción, protagonista de una historia, sino que por el contrario pueden ser sentidos por cualquiera. El miedo de conocer su destino por primera vez, es transmitido de una forma bastante elocuente, es real. La sencillez del relato es verdaderamente fascinante.

La historia es impecable, la narración muy clara. Aunque tal vez nos repita muchas veces que Meursault es insensible. Tal vez eso ya está entendido, y es aceptado. Tal vez quería acentuarlo pero ya estaba claro, pues qué mejor ejemplo que el inicio del escrito con el funeral de la madre. Con el hecho de darse cuenta que ya no tenía nada en común con ella así que decide enviarla a un asilo de ancianos.

"Poco después me escribió. Y a partir de ese momento comenzaron las cosas de las que nunca me ha gustado hablar. De todos modos, no se debe exagerar nada y para mí resultó más fácil que para otros. Al principio de la detención lo más duro fue que tenía pensamientos de hombre libre. Por ejemplo, sentía deseos de estar en una playa y de bajar hacia el mar. Al imaginar el ruido de las primeras olas bajo las plantas de los pies, la entrada del cuerpo en el agua y el alivio que encontraba, sentía de golpe cuánto se habían estrechado los muros de la prisión. pero esto duró algunos meses. Después no tuve sino pensamientos de presidiario".

"El extranjero" tiene mucho del "Rojo y Negro" de Stendhal, especialmente el final, en donde la muerte ronda y una vez más se confirma que nada tuvo ni ha tenido sentido jamás, excepto esa sensación de "amor", el sentimiento por el cual se cambiaría todo. La renuncia a Dios y sobre todo a la vida de los hombres, de los otros hombres, es un hecho notorio.

Me quedo con las últimas páginas de una historia que no pareciese tener mucho qué contar, pero que con los toques de sutileza de Camus, cobra las dimensiones de un clásico. Visconti la llevó al cine sin mucho éxito, pero es que aún para un genio como él, contar una historia que solo cabe en palabras es muy difícil.


Citas tomadas de: CAMUS, Albert, El extranjero, Emecé Editores S.A., 1949, Traducción de Bonifacio del Carril.


lunes, 23 de abril de 2012

La Gata de Colette




La gata es una historia de maridos y mujeres, una historia corta y escrita con palabras precisas que se lee fácilmente, es sencilla de principio a fin y su trama se basa en el diario acontecer de un matrimonio joven que tiene el reto de soportarsen el uno al otro y fuera de eso de lidiar con un intruso que no es humano, la gata.

Escrita por Sidonie-Gabrielle Colette en 1933, la novela refleja en gran parte lo que pudo ser su vida. Colette fue bailarina, luego mal casada y explotada por su marido, un hombre abiertamente vividor para la época y quien reconoció en ella su talento artístico y se dedicó a firmar los cuentos que su esposa hacía, por un buen tiempo. Rato después Colette lo dejó por Natalie Barney, una célebre artista norteamericana.

Camille es la esposa de Alain, y Saha es la gata. Los tres conforman un triángulo en el cual Alain y Saha forman la parte más fuerte del tridente. Camille se sentirá excluida de la vida de su marido, quien en muchas oportunidades (y así se lo hace saber) preferirá a la gata por encima de ella. Por su parte Camille hace lo que está a su alcance para deshacerse del animal, siendo descubierta por su marido. Alain puede ser el perfecto niño mimado que no ha madurado y que siente que la gata que lo acompaña desde la infancia es más valiosa que su mujer, el joven aristócrata cuenta solo con su madre y con Saha, aún cuando Camille aspira a estar siempre junto a él.

"Los hermosos ojos amarillos de Saha, invadidos poco a poco por la gran pupila de la noche, contemplaban en el espacio puntos móviles, invisibles y flotantes.
 - Oye, ¿que mira la gata? ¿Si no hay nada allá donde mira...?
- Nada, para nosotros...
Alain evocaba, añoraba el ligero estremecimiento, el temor que en otros tiempos le transmitía su gatita amiga cuando se le tendía en el pecho por las noches...
- Supongo que no te dará miedo... -dijo condescendiente.
Camille estalló en risas como si no hubiera esperado palabras tan insultantes.
- ¿Miedo...? Tú sabes que tengo miedo de muy pocas cosas
- Eso es una contestación de niña tonta -repuso Alain hostilmente.
- Digamos que sí -dijo Camille encogiéndose de hombros-. Tú tienes miedo a las tormentas -y designó la violácea muralla de nubes que se levantaban al propio tiempo que la noche-. Sí, eres como Saha -añadió-; no te gusta la tormenta." 

La historia tiene mucho de inusual, pues es el amor más etéreo de lo normal el que se interpone entre la pareja, es un rival sin competencia el que debe enfrentar Camille. Es ridículo que sienta celos por un animal que le está quitando a su esposo, pero en el fondo es eso. Es usual también, en la medida en que las desventuras y alegrías de un matrimonio son el telón de fondo de la novela, pues es precisamente su relación la que pretenden sobre poner a las adversidades que inconscientemente les plantea el animal.




La joven Camille no quiere más nada que ser una mujer para su marido, pero en los escasos momentos en que la gata no tiene el protagonismo y Alain tiene ojos para ella, se estrella con su obscura personalidad y de paso con el pragmatismo e insensibilidad de su esposo. La psicología de estos personajes es manejada de una manera simple, casi que parecen ser conocidos al primer contacto.

De otro lado, la narración no es muy movida, y aunque tiene cierto ritmo, este es dado por los pertinentes pasajes descriptivos de ese Paris de la belle epoque. Narrada en tercera persona, la introspección de Camille y Alain, en ocasiones llega a un punto en el cual es fácil deducir el final de la historia, si nada extraordinario sucede, y esto, tal vez es lo valioso de la novela. La sencillez, no solo marcada por la narrativa, sino por la historia que se ofrece como una suerte de acontecimientos propios de la relación de pareja. La vida de los dos está marcada por un extraño amor, se podría decir, una fijación no humana.

"Estaba un poco pálida, es decir, el colorete dibujaba en sus mejillas dos lunas ovaladas. Aparentaba un aire distraído, tal como hubiese hecho ante una mirada humana. Hasta empezó a canturriar con la boca cerrada y reanudo su paseo de uno a otro tabique siguiendo el ritmo de su canción, pero le falló la voz. Obligó a la gata, que su pie iba a magullar, a ganar de un salto un estrecho observatorio; luego, a pegarse contra la puerta.
Saha se había rehecho; hubiese muerto antes que lanzar un segundo grito. Camille, acosando a la gata sin parecer verla, iba y venía en completo silencio. Saha solo saltaba al antepecho cuando los pies de Camille se posaban a su lado, y no volvía al suelo del balcón más que para evitar el brazo tendido que la hubiese precipitado desde lo alto de los nueve pisos.
Huía metódicamente, saltando con cuidado; tenía la mirada fija en la enemiga, sin condescender al furor ni a la súplica. La extrema emoción, el temor de morir, empaparon de sudor la planta sensible de sus patitas, que marcaron huellas de flores en el balcón estucado". 

Alain llega realmente a odiar a Camille, y en contraposición y tal vez como una necesidad debe amar a su gata. No se logra saber el motivo del odio ocasional hacia su esposa, pero una posibilidad puede ser la interferencia que ella ejerce al aparecer en su vida, y de paso en la relación entre él y Saha. Pero ¿es comparable el amor entre una y otra? Esa es la pregunta planteada a lo largo de la novela, pues parecen sentimientos que no son compatibles. ¿Puede el silencio de un animal, proveer mayor felicidad que la locuacidad de un humano, en este caso de su mujer? ¿Quién es Alain realmente?

Colette como una primigenia activista de los derechos de la mujer y declarada feminista, posiblemente nos presenta una figura casi ridícula de Alain; la imágen de un niño en el cuerpo de un hombre de sociedad, y frente a él, la mujer incomprendida y perdida en una relación absurda. El machismo y la locura de Alain, siempre atropellan a Camille, aunque esta hace esfuerzos por aprender a convivir con esto.

La Gata, es una oda  a lo cotidiano, a los pequeños detalles que componen la vida misma. A las fantasías que puede llegar a crear la mente humana y las obsesiones que generalmente esto acarrea. Una novela que habla del abandono y de la soledad como formas de supervivencia.


Citas tomadas de: COLETTE, La gata, Ed. La oveja negra Ltda y RBA Proyectos editoriales, S.A., 1983, Traducción de E. Piñas.